El cansancio que casi nadie ve
Hay un cansancio que no se quita durmiendo.
Es el cansancio de estar siempre pendiente de otra persona. De sostener, acompañar y resolver.
De cuidar con las manos, pero también con el corazón.
Muchas cuidadoras se levantan cansadas y se acuestan cansadas. Y, aun así, siguen adelante
porque sienten responsabilidad, porque aman y porque creen que tienen que poder con todo.
Pero llega un momento en el que el cuerpo empieza a hablar.
Aparecen el estrés, la ansiedad, el insomnio, la irritabilidad o la tristeza. Otras veces llega la
sensación de estar vacía, de haber dejado de vivir para una misma.
La soledad también pesa, especialmente para muchas cuidadoras que viven lejos de su familia y
de su país de origen.
Yo también estuve ahí. También fui cuidadora. También me cansé. También me olvidé de mí.
No podemos servir desde el vacío.
Cuidar es un acto de amor, pero amar no significa romperse. El corazón de la cuidadora también
merece descanso.
Y reconocer que estamos cansadas no es un signo de debilidad. Es el primer paso para volver a
cuidarnos.
Porque una cuidadora que se siente acompañada, comprendida y sostenida también puede cuidar
mejor.
Con cariño
Nancy Te Cuida
Raíz firme que sostiene con amor




